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SANTIAGO BLANCO DE GONZALO LEMA.
Adolfo MIER RIVAS.
Una pareja llega al cine, para ver una película policial, una película de suspenso. El acomodador lleva a la pareja hasta sus butacas, extiende la mano y el hombre por hacerse el gracioso le dice “para tu hamburguesa” y le pasa una bolsita de ketchup es decir no le da la propina y el acomodador a modo de venganza le dice al oído “el asesino es el mayordomo”. Ese acomodador en nuestra ciudad, no existe en los cines, por lo tanto la propina tampoco.
Para que eso no se repita esta noche, no voy a hablar de la obra de Gonzalo Lema en cuanto al contenido se refiere, porque lo más importante de la producción que hoy nos entrega es la intriga, “el suspens”. Por eso quiero despertar en ustedes una gran curiosidad para que adquieran el libro, sin saber de qué se trata pero con la seguridad de que se encontrarán con dos cuentos y una novela en un solo libro y ese no es solo un argumento de venta desde que aparecieron los equipos de sonido tres en uno, sino una invitación a ingresar a un mundo de aventuras de un detective muy nuestro. Es una especie de Sherlock Holmes originario, diríamos.
Gonzalo Lema  define en todo el recorrido de su producción a su personaje como el cholo Santiago Blanco, (nombre del libro) natural de Punata, hijo ilegítimo, criado por la tía July, panadera y chicharronera del pueblo, fracasado alumno de Derecho de San Simón, correcto arquero de fulbito, es investigador (agente, detective) de la policía boliviana, su veintiúnico look es un terno negro y una camisa blanca que la usa a diario. Es nacido el 28 de enero de 1959, como el autor.
A diferencia de los grandes detectives de las novelas donde son ellos los héroes superstars, Santiago Blanco mantiene un bajo perfil pese a su gran eficiencia. A él, le gusta la investigación y es el sheriff que sale en defensa del bien contra el mal, desenredando los enredos, encontrando la punta del ovillo que va llevando a los sospechosos de crímenes de diferente clase, hasta pillarlos con las manos en la madeja. Nuestro gordo detective investiga desde el asesinato al secuestro. Tiene buen olfato conectado a su mente ágil y acuciosa y paralelamente al aparto digestivo porque con trago y salteñas su mente deductiva parece flotar mejor en el objetivismo. En realidad, ustedes se encontrarán con la otra cara que nos muestran las clásicas novelas y el cine, sobre los héroes que terminan con los malos. Bien vestidos, mejor perfumados. Desayunan higos secos, les encanta el caviar, el vodka, toman Mary Bloody antes de almorzar, visten impecablemente, lucen modales intachables, no se despeinan cuando reciben palizas y terminan haciendo el amor en lujosos hoteles con damas que ni saben su nombre.
Nuestro Santiago Blanco es un personaje folklórico. Es sillpanchero, cervecero, mujeriego y, ante todo, un hombre decente. Lee suplementos literarios y luego los corta en pedacitos cuadrados sentado en el inodoro, para convertir el pensamiento de los literatos en un barato papel higiénico. No lo hace con desprecio. Es cuestión de economía. Hay algo con el que me identifico plenamente; nada que ver con el papel que usa en el baño, sino que ambos somos wilstermanistas.
Su tapin; la típica. Eso dirían mis jóvenes alumnos del taller de teatro. Quiere decir; la pinta de nuestro héroe es la típica. No lleva un terno de Almanza. Es como describe Gonzalo; “Traje negro de medidas mal tomadas y peor confección; camisa blanca con cuello gastado y ya convenientemente volcado: corbata negra fuera de moda. De cualquier moda. Zapatos negros fatigados de betún”.
Su dieta diaria no le permite renunciar a un par de salteñas a las 10.3º  de la mañana. Asiste a ese ritual diario con la puntualidad de un buitre que además traga sus salteñas acompañado de cerveza. Cuando está en Punata no faltan las humintas, (los tamales), lechón al horno pichones cliceños con fideo, cebolla, choclos frescos, mondongo de cordero, conejo estirado, reemplazado las salteñas de la ciudad con riñones de cordero y la cerveza por la chicha. El menú es más largo.
Con éste personaje, Gonzalo  observa la sociedad. No solo la fotografía. Ingresa a la profundidad de esa sociedad. Más que radiografiarla hace toda una Resonancia Magnética, por la que vemos en seis caras de un cubo cuadriculado las diferentes facetas del comportamiento humano encargado de crear y sostener una sociedad justa.
La intención del autor fue leer la sociedad pero no desde arriba, que es lo frecuente, desde las grúas que suspenden al Director de cine, sino desde abajo: la celda común, el chantaje, la corrupción, el bajo fondo, para visibilizar desde su pestilente sótano, la criminalidad, el chantaje, una alta sociedad de actitudes chatas y ficticias y donde obviamente en todos los campos, la vedette es siempre el dinero.
Santiago Blanco, el gordo sibarita come y bebe a lo cholo, pero tiene una perspectiva muy clara de lo que es la vida, de lo que representa una sociedad injusta y se rebela contra ella, conociendo las bajas pasiones, huele rápidamente quién es la víctima y quién es el criminal.
La vida de sabueso lo lleva por los claro oscuros de nuestra vida diaria en este país plurifeliz donde el dinero, la ambición y la corrupción componen un crucigrama chino que, en muchos casos tiene que ser resuelto por nuestros detectives.
Es, paralelamente como el Quijote; un cruzado que sale a las calles tras el sueño imposible; salir en defensa del bien y luchar contra el mal, pero luego, al final él decide que…bueno ya leerán lo que decide al final de la obra.
El libro refleja a nuestra sociedad en capítulos diversos y apasionantes donde el común denominador es la ficción. Todo es mentira (porque es literatura), pero parece que reflejara la verdad. En realidad la verdad de las cosas es que todo es mentira, aunque nos quedamos pensando si en realidad esa verdad es mentira. Lo cierto, verdaderamente cierto es que como son verdades a medias, son mentiras completas, tan llenas de color e imaginación.

En UN HOMBRE SENTIMENTAL, DIME CONTRA QUIEN DISPARO  y FUE POR TU AMOR, MARIA el detective es uno solo  SANTIAGO BLANCO.
GONZALO LEMA dibuja a su protagonista, describe el entorno en el cual trabaja y muestra esa Cochabamba por la que transita en cada una de sus aventuras, con mucha maestría a tal punto de sentir el sabor de las comidas vallunas y hasta el tufo de la chicha punateña, haciendo que veamos cuadro a cuadro en nuestras mentes correr toda una película porque este libro es eso; un guión, muchos guiones cinematográficos apasionantes, como las seriales de antes, esas que algunos de nosotros veíamos los sábados en el cine, capítulos de acción y suspenso, donde nuestro Humprey Bogart en éste libro, es el gordo Blanco.
Aquí, como en todo lo que se ha venido a llamar género negro, el tipo de la película es el detective. El género negro es una forma de realismo crítico que se basa en un cuento detectivesco.
Sus historias conllevan un sabor amargo y las relaciones entre los personajes están siempre mediatizadas por el interés de poseer dinero o una parcela de poder; las otras personas no son más que un medio para lograrlo y la mentira es el pan de cada día: allí todo es falso.  La intriga y el suspens funcionan como una máquina que apunta a crearle dificultades al lector que ansiosamente devorará el libro, así como las salteñas que el protagonista hace desaparecer de sus dedos gordos como por arte de magia digestiva.
Otro ingrediente en los relatos, es el escenario. Los escenarios. El de nuestras calles ocultas, de las celdas comunes tan malolientes como las mismas oficinas policiales. Los clubes de golf, las casas acomodadas, su miserable cuarto de conventillo, los mercados sucios del sur, las calles perfumadas de las avenidas de la ciudad. Olemos la pestilencia de las celdas, el sudor de nuestro protagonista cuyos axiomas nos trasladan permanentemente a un camarín de futbol en el segundo tiempo. El perfume de bellas mujeres y la fragancia de los “paraísos”, centinelas de las calles que nos dan la sombra nuestra de cada día. Saboreamos diversidad de comidas y bebidas, tocamos pieles de mujeres ejecutivas o cholas tramposas, infieles y escurridizas. Es decir, los cinco sentidos, en cada una de sus páginas.
Finalmente quiero subrayar que este volumen no es solo tres en uno, sino que su producción también es tres en uno, el autor, el editor y Eldy Margarita, quien es autora de la tapa del libro y propietaria de los sentimientos de mi querido Gonzalo. La serie completa que lanza hoy El Grupo Editorial La Hoguera, en esta Décima primera Feria Internacional del Libro, es un aporte muy sustancioso para las letras bolivianas, especialmente en este género negro o género duro que apasiona leer y obviamente impulsa a comprar.
Conocerlo y disfrutarlo es …“elemental, mi querido Watson”.
 

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