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Fútbol cruceño: nostalgia, crisis e identidad

Ricardo Bajo H. (semanario Pulso, domingo 25-7-10)

“Retazos de historia, 1910-2010 cien años del fútbol cruceño” (editorial La Hoguera), la meritoria obra recopilatoria de Pedro Rivero Jordán nos devuelve por momentos con nostalgia a los inicios románticos del fútbol en Bolivia para acabar, previo paso por las figuras legendarias cruceñas “Chicha”, “Diablo”, “Platini”, Melgar…) con nuestro negro panorama actual, con el narcofútbol acechando hace algunos años, con la crisis de la otrora cantera del fútbol nacional y con sus insignes clubes (Destroyers, Real Santa Cruz…) pasando por sus peores momentos. Cualquier tiempo pasado fue mejor.
Lo mejor del libro del “Choco” Rivero son las remembranzas de aquellos tiempos, allá por los años treinta, cuando los equipos de Santa Cruz demoraban cuatro días para llegar a La Paz entre mulas, camiones y trenes. Tiempos donde la altura no existía y el vedettismo quejica no había hecho mella en los jugadores, verdaderos trabajadores de la pelota. Décadas donde la figura del fútbol cruceño era un colla, Luis Zubieta, autor del gol decisivo con que Mundial derrotó a Franco en 1916, en el primer torneo celebrado en Santa Cruz con nueve equipos, antes incluso de la formación de la Santa Cruz Football Asociation. Cuando los residentes extranjeros, como en otras partes del mundo desde que los ingleses expandieran este deporte por todos los confines del planeta, marcaban la pauta: hombres como el cónsul Bloomfield, el “linesman” Schwenk, el filántropo Felipe Schweitzer, el tata Tórrez (que jugaba con sotana) o el pastor inglés Pedro Horner que trajo allá por 1927 un nuevo fútbol a Santa Cruz, vistoso y veloz. Se queda el lector con las ganas terribles de saber más de estos pioneros que jugaban y organizaban partidos al son de la banda de Mateo Flores, otro personaje variopinto de esos “matches” en las lengendarias canchas detrás del cementerio con pelota de goma cruda traída del Beni, en los potreros de Chalot y Palermo, en la célebre cancha Suska, en la esquina del Colegio Nacional Florida.
Ansias de conocer más sobre aquellos pioneros como Carlos de Chalot, comerciante, constructor, francés y simpatizante de los igualitarios de Andrés Ibáñez. Cuando el fútbol todavía no había mostrado su cara más fea, allá por los años treinta con equipos haciendo el saludo de moda, el brazo alzado de los nacionalsocialistas.
La labor de buceo del “Choco” Rivero en los apuntes de Ernesto Moreno Irigoyen y en periódicos de la época, como El País de Santa Cruz de principios del siglo pasado también nos traen con simpatía otra de las características del fútbol cruceño: los apodos casi eternos ya como “Piyo” Landívar, “Chivita” Egüez, “Cucha” Arteaga, “Chuzo” Suárez, “Miquichi” Rojas, “Cochiri” Roman, “Sipio” Ibáñez, “Chembo” Gutiérrez, “Muñeca” Gil, “Teco” Rojas o los más cercanos “Ñarrí” Méndez, “Zorro” Paz, “Tahuichi” Aguilera, “Choco” Antelo, “Tucho”, “Tapera”, “Conejo”, “Pícaro”, “Bomba”…
A medida que el libro avanza cronológicamente las historias y los personajes dan paso a las estadísticas puras por lo que el repaso pierde atractivo para dedicar tres míseras páginas sobre el efecto del narcotráfico en los años ochenta (historia oscura por la que el autor pasa de puntillas) y terminar con la “larga y oscurísima noche del fútbol de Santa Cruz” (con un dato que al “Choco” le cuesta horrores digerir, la mitad de títulos desde 1977, creación de la liga “profesional” están en manos de Bolívar de La Paz ). Para reencontrarse con su rica historia, Pedro Rivero solo sugiere una fórmula necesaria para el cambio profundo: recuperación de la identidad y el liderazgo con nuevos modelos y referentes, adopción de un rumbo definido para dejar atrás el estancamiento provocado por la falta de estructuras e institucionalización de los clubes cruceños. Identidad que pasa por equipos fuertes y jóvenes, con garra y explosión, combinado con el toque y preciosismo, las dos caras de una misma moneda identitaria, para ponerse a la altura de lo mejor que tiene actualmente el fútbol cruceño, su hinchada.

 

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