Imprimir
Chávez Casazola iluminado

Contemplo la tapa de este magnífico libro, y me detengo en la imagen del niño anclando su velero en un mar de desconocidos horizontes, de su posibles linderos con los sueños, entonces recuerdo aquel escritor que, un día llevó a su niño a conocer el mar, mientras él recordaba a Stevenson y a Debussy, el niño le gritó: “¡Papá, papá, ayúdame a mirar!”.
Es la misma sensación que siento tras leer la última página, y me digo a mi mismo, ayúdame a leer de nuevo estos poemas, y releo, y esta aventura placentera me lleva a recordar mundos y más mundos sumergidos como el Nautilus de Julio Verne o como el Diario del Nautilus del maestro Antonio Muñoz Molina.
Sin Cruz del Malta de por medio, pasan los cuadros, pasan los actores, pasan los mitos, pasan las historias y en más de una ocasión, quise quedarme pegado a ese telón que ahora es una página.
Me pregunto por qué Gabriel Chávez, me pidió que presentara este libro, si este libro se presenta solo. No hay modo de hacer analogías posibles, estas solo son válidas cuando tiene algún elemento en común. Es imposible hacer comparación alguna, los poemas de Chávez son distintos, solo me remito en esta breves palabras a la celebración del agua iluminada, donde cada verso, cada poema,  tiene códigos, índices, guiños y complicidades que, nos invitan a una viaje a través de la palabra con un solo destino, la palabra misma, a una velocidad de un alegro vivace de una nueva sinfonía que va in crescendo en cada verso. Es, para mí, sin lugar a dudar, un libro de poemas navegando en el agua iluminada de la música.
Gracias Gabriel por regalarnos tamaña maravilla, antes de concluir me pregunto, a sugerencia de nuestro amadísimo y admiradísimo Julio Cortázar, “el día que te presentes de candidato al cielo, tal vez te nombren, te infieran, te digan, dónde está el Evangelio completo, porque solo escribiste tan encriptado allá en la tierra, porque no escribiste para el pueblo”. En ese preciso instante, aparecerá Roberto Echazú y te dirá:
“Diles que no piensas ni por si acaso en un posible lector”.
Salud Gabriel.
Gustavo Cárdenas Ayad